LUEGO ES JUSTICIA

Daniel Botti. Buenos Aires, 2014

Al recorrer la pintura de Fernanda Rege, la primera imagen que se construye, aún previa a la comprensión visual de la obra misma, es la de la profundidad. Cada situación planteada, cada mundo plasmado es partícipe de varias lecturas. Una primera ahora sí basada en colores y técnicas en donde por momentos la experimentación tiene relevancia;  pero si el observador decide ir más allá, penetrando en la obra, sugerente casi por definición en su paleta, puede trascender el mero hecho estético para inundarse de significado. Entonces diversos niveles van apareciendo como oleadas en ellos, los mares de esta artista.

Cada pintura de Fernanda devela la realidad y el universo que la contiene. Basada o no en imágenes literarias, la observación detenida implica riesgos; porque aprehender lo que sus cuadros despiertan es atreverse a caminar por la propia esencia de quien observa. Una pintura puede llevar días, meses, años… lo que es indudable es que el cuadro terminado refleja esa etapa del artista comprendida entre el momento en que imaginó la obra y su concreción: días, meses, años; pero ese creador no se hace responsable de la etapa que transita el observador (acaso otro artista) cuando se para frente a la profundidad.

 

Esa conjunción, que no sucede con todos los artistas; sí se da en el caso de Fernanda. Puede parecer pretencioso, puede parecer absoluto; en todo caso no lo es la obra del artista sino esta reseña que intenta plasmar la importancia de quien crea más allá del propio y parnásico objetivo de crear.

 

Las criaturas nadan a menudo en universos acuáticos y estrellados, disponiendo luces y sombras que parten del caos al orden y en mitad de la observación vuelven a revertirse en caos. Sus preguntas quedan lacradas, indelebles incluso dentro de sus cuadros. Y al finalizar su recorrido nos sentimos inevitablemente modificados; conmovidos y modificados. Repletos de inquietudes, contagiados de preguntas sin respuestas. Abismos sugerentes.

 

Si se lleva adelante una detenida observación de su pintura, es inevitable tener el deseo de conocerla personalmente; porque uno sale de las muestras con la sensación de que dentro de su obra está la explicación de la realidad, de que ella sabe, intuye, palpita el universo y conoce las respuestas. Pocos logran semejante sensación en la comunicación de su arte.

 

Puede parecer pretencioso, pero sólo hasta acercarse a los cuadros.